9 de noviembre de 2016
La Compañía de Jesús había establecido su primer gran colegio en Galicia (tras el tiempo que permaneció expulsada de España por Carlos III) en la localidad guardesa de Camposancos, al pie del río Miño en el barrio del Pasaje. Ocurría en 1875 tras una breve estancia de tres años en el pazo de Ancéis, cerca de Cambre, perteneciente a la familia Ozores, dueños también del pazo vigués de la Pastora.

Antiguo grabado de 1879 del colegio de los jesuitas en Camposancos. Fotografía: Historia de una larga peregrinación. P. Evaristo Rivera S.J.
Durante 40 años el colegio se convirtió en una referencia en el norte de España y por él pasaron cientos de alumnos de todas partes de Galicia pero también de Castilla o Extremadura. Además el enorme edificio que se construyó (y del que todavía hoy podemos contemplar sus románticas ruinas) albergó la primera universidad y el primer seminario en España de la orden fundada por Ignacio de Loyola. Así pues sería el germen de la Universidad Católica de Deusto y la Pontificia de Comillas.

Fachada lateral del antiguo colegio de los jesuitas en Camposancos. Fotografía: Historia de una larga peregrinación. P. Evaristo Rivera S.J.
A principios del siglo XX se plantean serias dudas entre los jesuitas del colegio y sus superiores con respecto a la continuidad de la institución educativa guardesa. Camposancos había resultado ideal en sus primeros años por el aislamiento que se precisaba para los alumnos, según el ideario religioso de la época con respecto a la educación. Estos permanecían internos durante meses y apenas si visitaban sus hogares hasta que terminaban los estudios. Tan aislado se encontraba el colegio que generalmente se llegaba allí desde el vecino Portugal pues las comunicaciones del país luso estaban más desarrolladas que las del sur de Galicia. Hasta Caminha se viajaba en tren tras la apertura en 1886 del puente internacional entre Tuy y Valença y luego se cruzaba el río a Camposancos en barcas.

El colegio de Camposancos después de una ampliación en 1908. Fotografía: Historia de una larga peregrinación. P. Evaristo Rivera S.J.
Pero han pasado ya muchos años y el espíritu inicial con el que se había formado el colegio va cambiando. Por otro lado el clima dentro de aquellos alejados muros se ha ido enrareciendo pues termina siendo un destino interpretado por muchos religiosos como «de destierro». Se impone la idea de buscar nuevos aires más mundanos. La primera opción será Vigo, la ciudad más cercana y la de mayor desarrollo en los últimos tiempos.

El patio del antiguo colegio con su frontón.Colegio Apóstol Santiago. Fotografía: Historia de una larga peregrinación. P. Evaristo Rivera S.J.
Tanto La Coruña como Santiago, o incluso Monforte de Lemos hacía tiempo que ofrecían terrenos y facilidades económicas para que se establecieran allí los jesuitas. En un momento en el que la enseñanza primaria y secundaria prácticamente depende de las instituciones religiosas como los maristas, los escolapios o los salesianos, es muy importante para una ciudad que en ella se establezca un determinado colegio. Y los miembros de la Compañía de Jesús han vuelto a tener buena fama como educadores. Estamos hablando además de una época en la que el único instituto público de enseñanza media para toda la provincia estaba en Pontevedra (en Vigo comenzará a funcionar uno en 1927; en Pontevedra se había creado en 1845).

El colegio de Camposancos en 1976. La zona del Pasaje había aumentado considerablemente con unos cuantos rellenos ganados al Miño. El terreno a la izquierda del colegio se acababa de vender y en él se construiría una gran urbanización de viviendas. Fotografía: Historia de una larga peregrinación. P. Evaristo Rivera S.J.
Nuestra ciudad ha vivido un crecimiento económico y demográfico sin precedentes desde el último cuarto del siglo XIX. Su población es de 50.000 habitantes. Tiene un colegio femenino de la Compañía de María desde 1886 (primero en la calle Real, 6 y luego en María Berdiales desde 1890); otro de las Hijas de la Caridad desde 1903 en el Arenal, otro de Cluny desde 1904 (primero en la calle Real, 8 y pasados los años en la Gran Vía); uno masculino de salesianos en el Arenal desde 1894 (desde 1898 en la calle de Ronda) y uno de los Maristas desde 1913 (desde 1928 en la finca de la Areosa en la calle Venezuela).
Asimismo existen pequeñas escuelas privadas, no dirigidas por religiosos, como el colegio Cívico-Militar de María Auxiliadora (fundado en 1897 por el militar Lorenzo Rodríguez Pérez y con sede en García Barbón, 9), el colegio San José (dirigido por Juan Pérez de la Riva, antes llamado del Sagrado Corazón, en la esquina de Colón con Policarpo Sanz) el colegio Cervantes de Balbino Vázquez Castellanos en Colón, 5 y otros más pequeños. Por último y desde desde 1886, en la Escuela de Artes y Oficios se impartían materias técnicas a los empleados de las fábricas.
Pero se necesitan más instituciones de enseñanza para los jóvenes vigueses. Existe también un grupo de personas influyentes en esa época que simpatizan con la orden jesuita como son el pontevedrés marqués de Riestra, el diputado Ángel Urzáiz o el recientemente nombrado obispo de Tuy, Leopoldo Eijo Garay, vigués de nacimiento. Por otro lado en 1916 se vive una importante crisis económica en Vigo debido a la disminución del comercio en el puerto por la Primera Guerra Mundial, lo cual repercute en una mayor masa de gente sin trabajo. Esto resulta interesante a la hora de construir una gran edificio como el que se pretende que sea el nuevo colegio (habrá suficiente mano de obra y resultará más barato que unos pocos años antes). Además el precio de los terrenos todavía es atractivo pues en breve la ciudad crecerá demasiado y resultará más complicado encontrar grandes solares céntricos.

La calle García Barbón a principios del siglo. A la derecha elevado se ve el edificio de la Molinera. En el inicio de la actual calle Oporto, en la que no había prácticamente nada edificado, se encontraba el primer edificio modernista de Vigo, el taller del escultor Juan Baliño proyectado por Benito Gómez Román en 1901. Colección digital de Gerardo del Campo.
En junio de 1916 había sido nombrado nuevo rector o director del colegio de la Guardia el bilbaíno Pedro Basterra. Uno de los motivos por los que es elegido para el traslado es que había sido arquitecto antes que jesuita. Será pues el encargado de la maniobra de desmontar el antiguo colegio y crear uno nuevo. Hay que buscar el terreno pero hace falta una sede provisional primero mientras no se construya aquel. La sede de Camposancos se había comprometido con los jesuitas portugueses expulsados de su país en 1910 y querían establecerse ya allí. Se negocia con los propietarios del edificio que había albergado la fábrica de harinas conocida como la Molinera Gallega. Esta sociedad fundada en 1898, acababa de quebrar debido al aumento del precio de las materias primas por causa de la contienda mundial.
La sede de dicha empresa estaba situada en la calle García Barbón, 34, cerca de la iglesia de Santiago de Vigo recientemente terminada (1907). También era actual (1909) el nombre de la calle en honor del mecenas de Verín, José García Barbón pues antes se había llamado Duque de la Victoria. El edificio de la Molinera era un gran bloque de ladrillo rojo, con una elegante fachada y cinco pisos de altura, además de terrenos adyacentes y almacenes. Pero por dentro apenas quedaba nada de la antigua fábrica. Había que arreglarlo todo. El 22 de abril de 1916 se firmó un contrato de alquiler por 3 años, prorrogables hasta 10, a los propietarios Luis Suárez Llanos, Gaspar Massó y Francisco Tapias que además habían sido antiguos alumnos de los jesuitas. El precio fueron unas 14.000 pts anuales. En unos pocos meses se proyectó la reforma que transformaría el viejo complejo harinero en un colegio para alumnos internos y externos, con sus correspondientes aulas, dormitorios, talleres, capilla, comedor, cocina con chimenea, salas de reuniones, etc.

Fotografía del colegio de los jesuítas en García Barbón con su nuevo nombre. Antiguo edificio de la Molinera. Fotografía: colección digital Javier González Babé.

Recuerdo haber estado en el viejo edificio de Camposancos «de acampada» con el grupo de montañeros a principio de los 70. Íbamos caminando desde Vigo y hacíamos vivac por la noche en el camino. Toda una aventura!