A las 19:30 en punto de la tarde del día 24 de mayo de 1986 el ministro de Obras Públicas y Urbanismo Javier Sáenz de Cosculluela, acostumbrado a poner la primera piedra de los edificios u obras públicas que creaba su ministerio, esta vez tuvo que retirar su primera piedra, la del polémico «Scalextric» de la viguesa calle Lepanto.
El paso elevado con el que la autopista AP-9 entraba en el centro de Vigo atravesando esta pequeña calle y sumergiéndose cual serpiente de hormigón en la Gran Vía, había sido la obra más polémica de las que se habían hecho en Vigo en los últimos años. Construida 10 años antes, nunca se llegó a utilizar y su construcción y derribo supusieron en conjunto un gasto desorbitado. Millones de pesetas que se gastaron para nada.
Proyectado desde 1965, su ejecución fue aprobada por el ayuntamiento vigués, bajo el mandato del alcalde Joaquín García Picher, en 1974, y por el MOPU en 1975.
A pesar de las presiones vecinales desde antes de que se realizase, no hubo nada que hacer y una sesión plenaria en 1976 ratificó por 10 votos contra ocho y una abstención el acuerdo adoptado dos años antes. En 1976 empezó a levantarse la estructura del viaducto y en 1980 estaba finalizado. A su vez, el tramo de autopista entre Pontevedra y Vigo había comenzado con la colocación de la primera en Rande el 17 de diciembre de 1973 y se inauguraba en 1981.
Pero no sucedió lo mismo con el Scalextric. La calle, donde además se encontraba situado uno de los pubs más emblemáticos de lo que había venido a llamarse «la movida viguesa», el Manco, se había convertido en esos años del inicio de los alegres 80, en uno de los epicentros de las manifestaciones de todo tipo. Vecinos y comerciantes, respaldados por amplios sectores de la ciudadanía pedían mes tras mes el derribo del enorme gigante hormigonado de 9,5 m de ancho (pegado en algún tramo hasta los 2,5 m de las casas) que sostenía una curiosa carretera desde la que los coches podían ver a los vecinos de la zona desayunando o durmiendo la siesta.

Famosa foto de Siniestro Total en el emblemático scalextric de los años de la movida. Víctor de las Heras
Unido al grave daño que se provocaba con la contaminación visual y acústica en los edificios de la zona, había que sumar las grandes pérdidas para el comercio que suponía un entorno semejante. Y es que la solución ideada para hacer desembocar la autopista con unos 2.500 vehículos diarios que se preveían, sumándose a los miles que circulaban por las principales arterias de la ciudad, Urzáiz y Gran Vía, había sido cuando menos “disparatada”.
Volviendo al evento, al simbólico acto de la primavera del 86 asistieron, además del ministro Cosculluella, el delegado del Gobierno, Domingo García Sabell, el alcalde de Vigo por el PSOE, Manoel Soto, concejales, periodistas, artistas y un numeroso público que era testigo por fin de la tan esperada demolición. En la plaza de la estación la banda de música de Coruxo había recibido a los asistentes y después había tenido lugar una entrega de variopintos premios (varios kilos de garbanzos, entradas para el cine y fines de semana en Portugal) a unas cuantas personas que habían participado en diversos concursos sobre el tema del «scalextric». Manuel Soto invitó, además de a vino y empanada, a todo “el pueblo de Vigo a despedir el scalextric sin rencor y sin mirar atrás” con lo que daba por cerrada la herida que había supuesto en el corazón de muchos miles de vigueses.
El veterano alcalde vigués había prometido 7 años y medio antes, en vísperas de unas elecciones, que «derribaría el circuito con pico y pala» si las ganaba. Por fin podía ver cumplida su promesa, y el pico lo utilizaría encima mano a mano con un ministro. Un poco después, el 22 de junio de 1986, tendrían lugar unas nuevas elecciones generales que volvería a ganar el PSOE.
- La calle Lepanto y la antigua estación de tren con un gran trozo del scalextric ya retirado. Se están iniciando además las obras de la futura estación
- Transporte de los trozos de scalextric que servirían para rellenar el puerto







