El Olivo de la Olívica.

En mi lugar de trabajo plantaron hace unos años un olivo en el pequeño jardín que decora la entrada principal. A lo largo de nuestra ciudad, en varias de las iglesias parroquiales, en unas cuantas plazas o delante de algún edificio, e incluso en viviendas familiares, encontramos un olivo, más joven o más viejo, que nos recuerda que pertenecemos a una ciudad cuyo  símbolo es este árbol y así Vigo es ya de sobra conocido por toda la geografía española como la villa olívica.

Olivo en la entrada del Hospital de Fátima. Fotografía Eduardo Galovart
Olivo en la entrada del Hospital de Fátima. Fotografía Eduardo Galovart
Olivo en l iglesia parroquial de San Miguel de Bouzas. Fotografía Eduardo Galovart
Olivo en la iglesia parroquial de San Miguel de Bouzas. Fotografía Eduardo Galovart

Pero ¿ a qué debemos exactamente el calificativo ?. Nos podemos remontar a la época de la presencia romana en estos parajes para comprobar la existencia entonces de olivos en Vigo. En Teis, una calle que baja perpendicular a la Avenida de la Marina Española ( acceso a la antigua ETEA ) se llama Travesía da Olveira, por tanto el toponímico indica que aquí hubo un olivar. Y en esta zona se halló hace unos años un lugar donde se elaboraba aceite, datado cronológicamente en la era romana y expuesto en el Museo de Castrelos. Es decir, hace ya 2.000 años, en terrenos de nuestra ciudad como en la citada zona de Teis existían olivos y además se aprovechaban para obtener aceite de ellos, como en muchas lugares de la geografía de los países mediterráneos. No sabemos si sería una gran producción y menos si su calidad podía competir con los del Sur del país, pero lo cierto es que en esa época existía aceite vigués.

Olivo en la plaza del Berbés. Fotografía Eduardo Galovart
Olivo en la plaza del Berbés. Fotografía Eduardo Galovart

Durante el siglo XV los Reyes Católicos mandaron arrancar buena parte de los olivos gallegos, tratando con ello de centralizar la producción (y así incentivar el repoblamiento y la reactivación económica) en los territorios recién conquistados del sur de la Península, sobre todo en Andalucía Occidental.

Pero parece que Fernando e Isabel no acabaron con la tradición olivarera gallega, ya que en la primera mitad del S.XVII el Conde Duque de Olivares promulgó un impuesto sobre cada olivo plantado en Galicia, tratando con ello de proteger los intereses de sus fincas en Olivares, a las afueras de Sevilla, que llevó a que, una vez más, se arrancase buena parte de los olivos existentes.

Olivo de la Plaza de Pescadores en el Casco Viejo
Olivo de la Plaza de Pescadores en el Casco Viejo

Volviendo a  nuestra ciudad, sin duda la calle que más asociamos con este árbol es la de la Oliva, en el costado Norte de la Concatedral. Dicho nombre indica que en esta zona también hubo olivos y concretamente uno, el más famoso, plantado en el atrio de la antigua iglesia parroquial de Santa María. El templo principal de Vigo se construyó aproximadamente en 1403 y antes había existido un primitivo predio templario en el mismo lugar. Una teoría es que los caballeros de esta orden religiosa, muy acostumbrados a los símbolos, hubiesen plantado uno o unos en sus tiempos.

Olivo en la iglesia de Corujo. Fotografía Eduardo Galovart
Olivo en la iglesia de Corujo. Fotografía Eduardo Galovart

Existe constancia documental de que frente a la fachada principal de la antigua Colegiata existía un corpulento árbol que desapareció cuando se construyó la iglesia actual, es decir tras el derrumbe de los muros del viejo templo en 1813 y el inicio de las obras del nuevo, en 1816. Cuentan que dicho olivo tenía un tronco tan ancho que a su alrededor se podían poner a trabajar 7 zapateros o sastres sin molestarse entre ellos. Además existían unos bancos de piedra rodeándolo que disfrutaban de la sombra proporcionada por sus frondosas ramas.

Pero volviendo a la época de la construcción de la nueva Colegiata: ¿ qué ocurrió con el citado árbol ?. Estudiosos de la historia local de principios del siglo pasado, como José Espinosa Rodríguez o Avelino Rodríguez Elías, cuentan que éste pasaría después a la casa de un personaje de gran relevancia en el curso del episodio de la Reconquista de la ciudad, el viejo alcalde del antiguo Ayuntamiento de Fragoso, Cayetano Parada y Pérez de Limia. Sus descendientes lo conservaron en una propiedad que poseían entre la Puerta del Sol y el inicio de la calle del Príncipe, cuando esta plaza era bien distinta a lo que es ahora, pues Vigo estaba todavía rodeado por sus viejas murallas y no se había llevado a cabo el ensanche de esta zona y posteriormente la calle Elduayen, a finales del siglo XIX.

Casa de los descendientes de Cayetano Parada en la Puerta del Sol
Casa de los descendientes de Cayetano Parada en la Puerta del Sol del blog Historia de Vigo

La siguiente localización del simbólico árbol fue el Paseo de Alfonso, donde lo contemplamos hoy en día. Del antiguo oleáceo que había conservado la familia Parada saldría el esqueje que se plantó en esta calle, mirador incomparable de la ría desde la ciudad. Por un estudio realizado hace unos años por un experto filatélico, Manuel Lago, se sabe que ya existía en 1881 al descubrirlo en un lienzo del pintor Verísimo que fue el motivo principal de un sello emitido en este año. Y en esa pintura se observaba también que en esa fecha tenía una altura importante.

Olivo en el Paseo de Alfonso con su primitiva reja
Olivo en el Paseo de Alfonso con su primitiva reja

En 1914, un profesor de la época llamado Cecilio López de Veiga, y un par de amigos suyos, colocan una pequeña verja bastante rudimentaria alrededor de este ejemplar que debía estar un tanto abandonado y la noticia la publica un semanario satírico de la época llamado ” La Ráfaga “.

Sin contar este episodio de los años 10, no será hasta 1932 cuando realmente haya un primer intento de concienciar a la población del simbolismo que representa el árbol para Vigo. En este momento, y durante los años de la República, la calle donde estaba situado no se llamaba Paseo de Alfonso si no Paseo de Ramón Franco. Un conjunto de vigueses consiguieron recaudar dinero mediante una suscripción popular. Los principales impulsores de la idea fueron el periodista y cronista local de entonces Avelino Rodríguez Elías y  los comerciantes Jesús Lorenzo Gil y Gerardo Campos. Con el dinero conseguido se le encargó al arquitecto Jenaro de la Fuente Álvarez el proyecto para una verja que se realizó en la empresa Vulcano de Enrique Lorenzo Docampo.

El Paseo de Alfonso con el olivo en otra foto de los años 20
El Paseo de Alfonso con el olivo en otra foto de los años 20

Avelino Rodríguez Elias fotografiado por Pacheco
Avelino Rodríguez Elias fotografiado por Pacheco
Placa conmemorativa en el olivo del Paseo de Alfonso. Fotografía Eduardo Galovart
Placa conmemorativa en el olivo del Paseo de Alfonso. Fotografía Eduardo Galovart

La inauguración de dicha verja tuvo lugar el 14 de agosto de 1932 y a ella asistió un buen número de vigueses, además una representación municipal presidida por el entonces concejal Javier Soto Valenzuela.  En una placa conmemorativa forjada en ella se lee todavía: ” Dentro de esta verja, ofrenda de los vigueses a su árbol simbólico, queda hoy depositada por ellos la promesa firme de su amor, de su lealtad y de su abnegación por la ciudad amada “.

Desde este momento el viejo árbol pasó a formar ya parte destacada de nuestra historia local y desde entonces, en unos momentos más que en otros, las autoridades locales se han encargado de cuidarlo y mantenerlo. En 2010 un estudio le atribuyó una edad de 160 años, por lo que el ejemplar actual sería de 1850.

También en Pontevedra existe una calle de la Oliva.
También en Pontevedra existe una calle de la Oliva.

Asimismo y relacionado con el el olivo vigués durante un tiempo existió un semanario editado por primera vez en 1856, gracias a Alejandro Chao Fernández y a Manuel Murguía, llamado la Oliva, que defendió durante unos años los intereses de Galicia, así como los de nuestra ciudad.  Esta publicación desapareció al cabo de un tiempo pero volvió a ser publicada en 1898 por el librero de la calle del Príncipe, el salmantino Arturo Barrientos que había editado además una colección de postales antiguas que servían para promocionar la villa olívica.

En 1885 se creó un orfeón que luego se convirtió en una sociedad recreativo-musical también llamada la Oliva. Esta entidad patrocinó durante los juegos Florales de 1908 la erección de un monumento en honor a Manuel Curros Enríquez que se encuentra hoy en día en la Plaza de Compostela, durante la presidencia de la misma del arquitecto Manuel Gómez Román.

Estatua en la Plaza de Compostela en homenaje a Manuel Murgía. Fotografía Eduardo Galovart
Estatua en la Plaza de Compostela en homenaje a Curros Enríquez. Fotografía Eduardo Galovart

Como última curiosidad relacionada con nuestro olivo, desde hace tiempo y con motivo de los premios a los Vigueses Distinguidos de cada año, en el homenaje que se celebra en el día anterior a la fiesta de la Reconquista, se les hace entrega a cada uno de ellos de un esqueje obtenido por clonación del árbol del Paseo de Alfonso, por lo que hemos de suponer que ejemplares como éste habrán ido floreciendo por más casas de la ciudad, al igual que lo hizo el antecesor de la casa de la familia de Cayetano Parada.

Javier, Jaime y Catalina ante el olivo del Paseo de Alfonso. Fotografía Eduardo Galovart
Javier, Jaime y Catalina ante el olivo del Paseo de Alfonso. Fotografía Eduardo Galovart

Esta última historia, relacionada con el olivo vigués, me la envía una descendiente de la familia Mora y la transcribo prácticamente como está contada:

El olivo lo plantó en el Paseo de Alfonso José Álvarez Mora, mi tatarabuelo, que lo trasladó desde la llamada Casa de Mora, en la puerta del Sol, hasta su actual ubicación. Mi padre siempre me contó que su bisabuelo lo había plantado con sus propias manos, donándolo al pueblo de Vigo en un acto simbólico, acompañado por otros vigueses como Antonio López de Neira, Menacho, Cordobés y Toribio Curty. Tengo recortado un artículo del Faro de Vigo de hace muchos años donde, entre otras cosas relacionadas con el olivo, se recuerda ese hecho.

Lo que a mí me dijeron es que el traslado del esqueje del olivo, que existía en la casa de la familia Álvarez Mora, tuvo lugar cuando se cumplieron 50 años de la reconquista de Vigo, o sea, que el olivo llevaría en el Paseo de Alfonso desde el año 1859. Aunque ya se sabe que en las anécdotas familiares siempre hay una buena dosis de leyenda y que no se puede dar por cierto todo lo que te dicen tus mayores. Yo soy una de las descendientes de la Casa de Mora y también soy descendiente del que “salvó” el esqueje en los alrededores de la colegiata: el funcionario de aduanas Manuel Ángel Pereira.

Existe un hecho curioso, relacionado indirectamente con éste último.  José Álvarez Mora plantó ese olivo y él y sus amigos recordaron aquel día la victoria de los vigueses sobre las tropas napoleónicas. Pero por  extrañas vueltas que da la vida quiso que este José Álvarez Mora se casara con la nieta de uno de los soldados franceses, Carlota Granada .

En ese mismo año de 1859 en que se plantó el olivo en el paseo de Alfonso, nació Augusto Diego Álvarez Granada, mi bisabuelo, que, a su vez se casó con Benicia Pereira de Limia, descendiente de los De LImia que tanto protagonismo habían tenido en la Reconquista (biznieta de Vicente de Limia, uno de los reconquistadores del Berbés y tataranieta de Cayetano, el alcalde de Bouzas que urdió el plan de ataque a los franceses). Así que, mi abuelo Carlos era al mismo tiempo tataranieto de los que habían luchado en el bando vigués y tataranieto de los que habían luchado en el bando francés. ¡Qué mejor símbolo de la paz y del cierre de heridas que ese matrimonio!. Cuando paseo por Alfonso XII y veo el árbol no puedo evitar que ése es el verdadero significado de sus raíces y hojas.

En la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional se puede consultar el periódico La Unión del 13 de Enero de 1882, en el que se hace una referencia a la muerte del soldado francés, Nicolás Granada Falcón.

Copia del ejemplar de La Unión del 13 de enero de 1882
Copia del ejemplar de La Unión del 13 de enero de 1882
Necrológica en La Unión del soldado francés - 1 -
Necrológica en La Unión del soldado francés – 1 –
Necrológica en La Unión del soldado francés - 2 -
Necrológica en La Unión del soldado francés – 2 –

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Eduardo Galovart. Abril 2014.

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Bibliografía: 
. Gerardo Sacau Rodríguez. Os nomes da terra de Vigo. Estudo etimolóxico. 1996.
. Gerardo González Martín. La vuelta al mundo de Vigo en 80 días. 2010.
. Gerado González Martín. Pasión por Vigo. Vida y obra de Avelino Rodríguez Elías. 2006.
. Blog diario del Gourmet de provincias y del perro gastrónomo. Aceite de oliva gallego.

35 Respuestas a “El Olivo de la Olívica.

  1. Añado una pequeña información sobre el olivo, que a lo mejor ya sabes. El olivo lo plantó en el Paseo de Alfonso José Álvarez Mora, mi tatarabuelo, que lo trasladó desde la llamada Casa de Mora, en la puerta del Sol hasta su actual ubicación. Mi padre siempre me contó que su bisabuelo lo plantó con sus propias manos donándolo al pueblo de Vigo, en un acto simbólico, acompañado por otros vigueses, entre los que se encontraba Tenreiro, y otros que ahora mismo no recuerdo. (Tengo recortado un artículo del Faro de Vigo de hace muchos años donde, entre otras cosas relacionadas con el olivo, recuerda ese hecho; tengo que buscarlo). Lo que a mí me contaron es que tal hecho tuvo lugar cuando se cumplieron 50 años de la reconquista de Vigo, o sea, que el olivo llevaría en el Paseo de Alfonso desde el año 1859. Eso es lo que me contaron, aunque ya se sabe que en las anécdotas familiares siempre hay una buena dosis de leyenda y que no se puede dar por cierto todo lo que te cuentan tus mayores. Yo soy una de las descendientes de la Casa de Mora (cuyo enlace incluyes en tu “post”, aunque ese blog no es mío, sino de otro descendiente, de los muchos que hay) y también soy descendiente también del que “salvó” el esqueje en los alrededores de la colegiata: el funcionario de aduanas Manuel Ángel Pereira. Existe un hecho curioso, relacionado indirectamente con este: José Álvarez Mora plantó ese olivo y él y sus amigos recordaron aquel día la victoria de los vigueses sobre las tropas napoleónicas; pero esas extrañas vueltas que da la historia quiso que este Álvarez Mora se casara con la nieta de uno de los soldados franceses, Carlota Granada. Precisamente ese mismo año de 1859 en que se plantó el olivo en el paseo de Alfonso nació Augusto Diego Álvarez Granada, mi bisabuelo, que, a su vez se casó con Benicia Pereira de Limia, descendiente de los De LImia que tanto protagonismo habían tenido en la Reconquista (biznieta de Vicente de Limia, uno de los reconquistadores del Berbés y tataranieta de Cayetano, el alcalde de Bouzas que urdió el plan de ataque a los franceses). Así que, mi abuelo Carlos era al mismo tiempo tataranieto de los que habían luchado en el bando vigués y tataranieto de los que habían luchado en el bando francés. ¡Qué mejor símbolo de la paz y del cierre de heridas que ese matrimonio! Cuando paseo por Alfonso XII y veo el árbol no puedo evitar que ese es el verdadero simbolismo de sus raíces y hojas.
    ¡Vaya rollo acabo de echar! Perdona, pero son temas que me interesan y me tocan de cerca. Si te interesa saber más sobre ese francés asentado en Vigo del que hay mucha descendencia en nuestra ciudad, los Granada, te dejo un enlace que, con motivo de su muerte, resume su impresionante experiencia al servicio del ejército francés, puedes verlo en la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional: Periódico La Unión del 13 de Enero de 1882.

    • Hola de nuevo, Conchita.
      Algo había escrito de tus ascendientes y de como se encargaron de trasplantar el olivo pero me encanta como me lo has contado tú. Y si te parece, voy a transcribir más o menos tú historia, añadiéndosela a la entrada, para hacerla más interesante.
      Muchas gracias y espero tú respuesta.
      Un saludo.

    • Ya me leí la referencia en el antiguo periódico La Unión. Qué buena historia y muerto con 103 años, nada más y nada menos.
      EL caso es que no sabía yo que se pudiesen consultar tantas revistas en la Biblioteca Nacional. Una buena información, gracias.
      UN saludo

  2. Eduardo: transcribe lo que quieras de la historia. La verdad es que mi comentario era sobre todo para darte el dato de que el olivo llevaba desde 1859 en su emplazamiento actual en el Paseo de Alfonso. Tú transcribe lo que quieras, aunque el resto de la historia (lo que tiene que ver con mi familia) quizá no sea interesante para el público general. No sé si el blog tiene una dirección de correo de contacto, por si te interesa que te mande escaneado el recorte del periódico donde Gerardo Campos Ramos habla del olivo. Es de hace muchos años, pero no sé la fecha porque el texto está recortado de su página original. Ni siquiera estoy segura de que sea del Faro de Vigo, aunque parece lo lógico. En ese texto se especifica algunos de los que estaban presentes en el momento de plantar el árbol. No habla nada de ningún Tenreiro (así que igual me equivoqué yo en ese dato), pero sí de otros como López Neira, Menacho, Cordobés y Toribio Curty. Si quieres que te lo envíe, házmelo saber y dime el medio (una dirección de e-mail o similar). Me alegro de que te gustara la historia de Nicolás Granada, que tenía su tienda en la plaza de la Constitución. ¡Menudo personaje…!
    Disfruto mucho con tu blog. Las fotos, preciosas.

    • Hola Conchita.
      Me parece una parte muy interesante de la historia del olivo, por eso te hablaba de añadirlo. Y a lo del recorte del periódico por supuesto que sí. Te escribo un email desde mi dirección. Muchas gracias.

    • Estimada Conchita, el primer representante de mi familia llego al Uruguay, América del Sur desde Vigo en 1844. Su nombre era Ramón Alvarez Mora y fue mi tatarabuelo. Le puso a mi bisabuelo el nombre José.
      Tu historia me llamo la atención ya que nombras a José Alvarez Mora de Vigo.
      Tienes algún dato de un familiar Ramón Alvarez Mora que haya emigrado de Galicia en esa época?
      Saludos.
      Mateo

      • Perdón por no contestar, pero la verdad es que no leí tu comentario hasta ahora mismo. No volví a entrar en este artículo hasta hoy.
        Tu tatarabuelo Ramón Álvarez Mora era hermano del mío, José Álvarez Mora, el que plantó el olivo en el paseo de Alfonso. En mis árboles genealógicos consta que tu tatarabuelo emigró a Montevideo a los 14 años de edad y allí fundó la familia Mora-Magariños, de mucha importancia en Uruguay.
        Tu tatarabuelo era el hermano menor del mío, que también estuvo en Uruguay pero regresó a Vigo. Eran hijos de Andrés Álvarez Mora y Ana María Alonso, y habían nacido en Couto de Rozas (Verín).
        Ya ves que, por lo tanto, somos primos en grado cuarto.

  3. Yo me apellido alvarez de granada es muy agradable conocer a alguien que seguro q es familia y aparte de la historia de vigo gracias
    jesus

    • Sí, Jonatan, seguro que eres de la misma familia. Si me dices algún datos más de tus antepasados, quizá abuelos o bisabuelos o lo que sepas te puedo aclarar lo que yo sepa del entronque con la famlia .

      • Mi abuelo se llamaba jose alvarez de Granada, su hermano leopoldo, mi padre se llama jose pastor alvarez de Granada… Todos los datos siempre son interesantes. Gracias

      • Mi abuelo se llamaba jose alvarez de Granada, nació en vigo en 1913

    • Jonatan, no hay duda de que desciendes de José Álvarez Mora, el que plantó el olivo en el paseo de Alfonso y también de Nicolás Granada Falcón, el soldado francés del que se habla en el recorte del periódico La Unión que aparece más arriba. Resulta que los nombres José, Lepoldo y José Pastor se repiten varias veces en el árbol genealógico, así que ayudaría que me dijeras algo más, como por ejemplo, el nombre de tu abuela, o si sabes si alguno nació en Argentina, para poder decidir a qué generación perteneces (aunque casi lo tengo seguro) y cómo entronca con las otras. Si supieras el nombre de tu bisabuela, eso ayudaría mucho. ¿Era Carmen? ¿Era Mercedes? ¿Tenía tu abuelo hermanas? Para poder hablar más cómodamente, sin tener que molestar aquí en la Vigopedia, donde a nadie interesa este rollo, te recomiendo que me pidas amistad en Facebook y, luego, por un privado, nos demos el correo electrónico para aclarar el asunto. Un saludo. (Y gracias a Eduardo por permitir estos “encuentros digitales” a través de su blog).

  4. Mi tatarabuelo llego al Uruguay, America del Sur en 1844. Su nombre era Ramón Alvarez Mora y venia de Vigo. Alguien sabe algo más?

    • Hola. Pues seguramente tuviese que ver con esta familia de la que se habla en el artículo. Es muy probable pues en la fecha de la que hablas, 1844, la población de la ciudad no pasaba de 5.000 personas. Te aconsejo leas todos los comentarios pues hay uno de un descendiente de esa familia y puede que sepa algo más. Un saludo

  5. Me parece uno de los artículos con más enjundia y revela cosas que desconocía. Hace tiempo que me interesa la historia del olivo y me gustaría saber si hay posibilidad de ver el recorte de periódico donde Gerardo Campos narra el traslado del esqueje al Paseo de Alfonso.
    Gracias y felicidades por el gran trabajo.

  6. Me parece el artículo con más enjundia del blog. Siempre me ha interesado la historia del olivo y revela cosas que desconocía. Me gustaría saber si hay posibilidad de ver el recorte de periódico donde Gerardo Campos narra el traslado del esqueje al Paseo de Alfonso o, en todo caso, conocer algo más de la escena.
    Un saludo y felicidades por el gran trabajo

  7. agrego un comentario, en la Ciudad de Buenos Aires, en el patio de la Asociaciòn Galega Residentes de Vigo, existio un olivo descendiente del primitivo, luego con el correr de los años se perdio, nuestra Sociaciòn ya ha cumplido 97º años desde su Fundaciòn y en el Hogar Gallego para Ancianos de Domselaar, existe otro hijo del olivo que fue plantado por miembros la CCDD de nuestra Instituciòn hace varios años.

  8. Genial,el artículo, es una historia de película, de leyenda que los vigeses os agradecemos por contar y compartir, porque a finde cuentas es nuestra historia. Una ciudad necesita saber muy bien sus origenes para caminar con firmeza en los tiempos presentes. Bravo!

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