La concatedral de Santa María

Concatedral de Santa María 1
Plano de época de Melchor de Prado

La colegiata de Santa María o concatedral de Vigo comparte la sede catedralicia de la diócesis de Tui-Vigo con la catedral de Tuy.

Su construcción data de principios del siglo XIX, cuando vino a sustituir a la antigua colegiata, dañada tras una explosión.

El actual edificio fue obra del académico Melchor de Prado y Mariño, de la Real Academia de San Fernando y es de estilo principalmente neoclásico, si bien las torres son barrocas.

Existen registros de la existencia de una iglesia advocada a Santa María situada en Vigo desde al menos el siglo XII. Así aparece en un documento de 1156 en el cual se reparten las parroquias de la diócesis de Tuy entre el obispo Don Pelayo Mendez y su cabildo. También aparece mencionada en otro documento de 1170 por el que el rey Fernando II de León le otorga la iglesia al obispado como compensación por otros territorios tomados para la Corona. También es mencionada en distintos documentos de los monasterios de Melón y Oya.

A este templo le siguió otro de estilo gótico construido a finales del siglo XIV y finalizado en 1403. Esta nueva iglesia conservaba varias capillas y los transeptos del anterior.  El 11 de junio de 1497 se constituyó como colegiata, siendo Jaime González de Pedroso el primer prior.  En 1589 la iglesia fue saqueada por el pirata Francis Drake en una incursión que hizo con su flota a las costas gallegas, en una época de hostilidades entre España e Inglaterra. Hacia 1680 se efectúan numerosas reformas en el templo.

El 28 de marzo de 1813, durante unos festejos de celebración de la Reconquista, explotó un polvorín situado en el castillo de San Sebastián, que defendía la ciudad en la zona Sur de sus murallas. En esos momentos se celebraba una misa en el interior. Como consecuencia de la onda expansiva se derrumbó el techo y uno de los muros aunque no hubo víctimas entre los asistentes. La iglesia sufrió grandes daños, por lo que tuvo que proyectarse una nueva.

El proyecto fue encargado a Melchor de Prado y Mariño, académico de la Real Academia de San Fernando quien lo presentó en 1811, si bien las obras no comenzaron hasta 1816 debido a la guerra contra la invasión napoleónica. También se allanó el terreno para crear la plazoleta delantera. Las obras fueron concluidas en 1838, con la construcción del tabernáculo y de los altares laterales.

EL TEMPLO DE LOS SIGLOS XV A XIX

Antiguamente la iglesia era de estilo gótico, formada por una nave central y una serie de naves laterales coronadas con bóvedas de sillería.

El altar mayor estaba formado por un retablo dorado que representaba la Trinidad y la Asunción de la Virgen coronado por un crucifijo de vidrio. Detrás del altar había un pequeño nicho o camarín con una imagen de la Virgen. En el sagrario estaban representados los doce apóstoles y los ángeles. A ambos lados del altar se encontraban dos altares laterales, de los que destacaba el de San Benito, de oro y alabastro, en el que un altorrelieve representaba la Pasión y que estaba acompañado de numerosas figuras de personajes religiosos. Este altar había sido una donación del Arzobispo de Londres por lo que estaba coronado por el escudo de Inglaterra. El otro altar lateral estaba dedicado a Santa Catalina y San Sebastián y también estaban representados la Quinta Angustia, San Amaro y la Magdalena.

A ambos lados de la nave principal se situaba una serie de capillas laterales decoradas con pinturas murales.

1.- La capilla de Santa Ana: con tres esculturas de piedra de Santa Ana, San Antonio y San Roque.

2.- La capilla del Rosario: con imágenes de madera del Rosario y de San Martín.

3.- La capilla de San Martín: con imágenes de San Martín, San Pedro y Santiago, una estatua de San Blas y el altar de la Resurrección.

4.- Una capilla dedicada a su patrocinador, Gregorio de Paços en la que estaban representados Santa Ana, San Miguel, San Antonio y San Gregorio.

5.- La capilla del Ángel custodio, en la que había un retablo de los doce apóstoles y la Virgen y un altar dedicado a la Magndalena.

6.- Una capilla dedicada a San Bartolomé, San Juán y Santiago con una imagen de San Esteban.

Dentro del templo también destacaban la sillería del coro y el órgano.En el exterior, la iglesia estaba coronada por una única torre de planta cuadrada que tenía en lo alto un reloj de campana, así como dos campanas grandes y dos pequeñas.

En el centro del atrio había un olivo centenario, que sobrevivió hasta el siglo XIX y del que no se pudo calcular su edad, si bien es posible que hubiese estado allí desde la construcción de la primera iglesia. Debido a su longevidad, llegó a convertirse en un símbolo de la ciudad y los foráneos llamaban a Vigo desde tiempos remotos la ciudad del olivo.

CONSTRUCCIÓN DEL NUEVO TEMPLO

Concatedral. Plano original de la planta.
Concatedral. Plano original de la planta.

La enorme influencia ejercida por la Real Academia de San Fernando desde su fundación, en 1752, hasta muy avanzado el siglo XIX se reflejó con carácter inequívoco en las más importantes edificaciones que, durante este período, se emprenden en las distintas ciudades españolas.

Galicia había vivido a lo largo del siglo XVII y primera mitad del XVIII uno de los momentos más brillantes de su historia artística, con magníficas creaciones barrocas costeadas por las Ordenes Monacales y ricos Cabildos gracias a las cuantiosas rentas extraídas del campo. Pero los profundos cambios socio-políticos experimentados tras la instauración borbónica y el nuevo desarrollo del comercio y la industria dan origen a una revitalización de las ciudades costeras que, bajo la disciplina académica, levantan ambiciosos templos parroquiales.

Vigo, hasta entonces modesta villa marinera, inicia el despliegue de un desarrollo que alcanza nuestros días. Su bella y antigua iglesia Colegiata, a pesar de las reformas efectuadas poco antes de 1680, llega a finales de siglo en un estado tan precario, que hace pensar en la conveniencia de su total reconstrucción. Melchor de Prado y Mariño, arquitecto de gran prestigio en Galicia, firma ya en 1811 el proyecto de una nueva Colegiata, pero las difíciles circunstancias de la ocupación francesa pospusieron su realización.

No obstante tras la marcha definitiva de los extranjeros, la violenta explosión del repuesto de pólvora del cercano castillo de San Sebastián hizo vibrar al templo desde sus cimientos y la amenaza de inminente ruina exige una actuación inmediata. La Ciudad recurre a S. M. el Rey con la petición de arbitrios especiales que ayuden a su financiación  y la Real Academia de San Fernando aprueba los planos del arquitecto santiagués.

El 26 de junio de 1816 se comenzaba a construir la nueva Colegiata;  Melchor de Prado  ( 1770 – 1834 ), como Académico, y José Francisco Bautista de Pozos, como asentista, se preocupan también por la correspondiente nivelación del terreno de sus inmediaciones con el fin de que el edificio se presentara convenientemente aislado del caserío y con una plazoleta frontal de regulares características.

La inegable formación clásica del Arquitecto, alabada por sus propios maestros,  y puesta de manifiesto en las numerosas obras que realiza en Galicia, se expresa de una forma clara en este severo edificio. Su amplia planta rectangular, con pórtico y coro, tres naves, profundo ábside y sacristías laterales, reproducen en cierta forma, aunque variando escala y proporciones, el esquema del edificio anterior e incorpora un número similar de pequeños altares a sus gruesos muros laterales. Melchor de Prado fue el arquitecto de la Iglesia de San Benito en Santiago de Compostela, la iglesia de las Ánimas, en la misma ciudad, y del retablo y órgano de la catedral de Lugo.

EL TEMPLO ACTUAL

El actual templo destaca por su robustez, y de hecho fue pensado como posible plaza fuerte, en un contexto en el que acababa de terminar la Guerra de Independencia.

Concatedral. Plano original de la fachada Sur
Concatedral. Plano original de la fachada Sur

Pero el interior de este templo, hecho todo él con magnífica sillería y soberbio enlosado, provoca una sensación especial de solemnidad y grandeza. La longitud y amplitud de sus naves rigurosamente medidas, la rítmica sucesión de grandes columnas toscanas y el único ornato del friso clásico con cornisa volada que señala el coro y tribuna superior bajo la gran báveda de cañón, es modelo de severidad y disciplina. Su espacio, armonioso pero un tanto seco, resulta la exprexión última de relaciones tectónicas rigurosamente calculadas con la eficaz colaboración de una luz alta y uniforme que acentúa la fría solemnidad del granito.

También el exterior, volumen macizo de sobria geometría, responde a los presupuestos académicos pero su marcada aridez, ajena a la tradición estilística gallega de enorme vitalidad, confirma el triunfo del neoclasicismo, de la mano de un arquitecto, cuyas numerosas obras de ingeniería civil evidencian la enorme sugestión que esta ciencia ejerció sobre su producción artística. La fachada principal, amplio rectángulo dominado por el eje de su única portada bajo un sobrio frontón, responde al esquema que Melchor de Prado había ideado para la iglesia de San Benito de Santiago.

Pero en la Colegiata viguesa añade dos sencillos campanarios que, ubicados a amibos lados de la fachada siguiendo la norma barroca adoptada ya en otros edificios neoclásicos, rompe en cierta manera la lógica armonía del gran frente arquitectónico.

No obstante, a lo largo de la construcción del edificio, cuyo proceso ocupó la primera mitad del siglo XIX, se fueron introduciendo algunas modificaciones profundamente influídas por la inevitable sugestión de aquellas populares torres del barroco gallego. Así, como ya había sucedido en otros grandes edificios de los últimos decenios del siglo XVIII, las formas clásicas se coronan con esbeltas torres; sus altos pedestales, sus cuerpos cortados en chaflán formando una especie de ochavo y abiertos en grandes ventanas conbalaustres, sus volúmenes decrecientes marcados por voladas cornisas muy recortadas y sus airosos cupulines, atestiguan hasta nuestros días la forzada asimilación de impuestas formas clásica y el triunfo último de la propia tradición.

La estructura del edificio presenta una planta rectangular:  el altar está flanqueado por dos sacristías y a sus pies aparece la nave principal, la cual tiene a sus lados una serie de capillas laterales situadas bajo dos naves más estrechas paralelas a la central. A los pies de ésta se encuentra el pórtico, desde cuyos laterales se accede a las torres. Las bóvedas central y laterales, de cañón, están sustentadas sobre filas de columnas toscanas de porte sobrio coronadas por capiteles dóricos. El margen entre el altar y la nave central viene definido por un único arco. El altar mayor está presidido por un aparatoso retablo churrigueresco.La fachada presenta un esquema sencillo y simétrico. En el centro se sitúa una amplia y única portada bajo el frontón, ambos flanqueados a cada lado por las dos torres, único elemento barroco que contrasta con la sobriedad barroca del resto del conjunto.

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Bibliografía
. Colegiata de Santa María. Wikipedia.
. La iglesia Colegiata ( Concatedral ) de Vigo. Lena Saladina Iglesias Rouco.

3 Respuestas a “La concatedral de Santa María

  1. Pingback: El Olivo de la Olívica. | Vigopedia·

  2. Hay una contradicción en la información de este artículo. Si bien la antigua colegiata sufrió daños causados por la explosión de un polvorín durante una celebración de la Reconquista en 1813, ¿cómo es posible que Prado y Mariño presentase los planos para restaurarla antes, en 1811, y que dicha restauración no se realizase hasta el año 1816 por causa de la guerra?

    • No hay ninguna contradicción Ali. En 1811 la Concatedral se encontraba en un estado lamentable por un deterioro acumulado a lo largo de años de guerras, mala conservación y pocos recursos para rehabilitar el antiguo templo gótico. En febrero de 1811 hubo un desplome de una pared tras un temporal y entonces se encargó a Melchor de Prado y Mariño un proyecto de rehabilitación. Éste propuso una nueva catedral.

      El 28 de marzo de 1813 la explosión de un polvorín hizo que se derrumbase el tejado de la iglesia con víctimas mortales y esto fue la gota que colmó el vaso. Al poco tiempo se aprobaron las obras para la realización de un nuevo templo pero no fue hasta 1816 cuando se pudo empezar su construcción.

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