Sucedió en 1886
El Faro de Vigo anuncia en una de sus páginas, el 24 de octubre de 1886, que en breve se construirá la primera plaza de toros de la ciudad. Se terminará antes de agosto del 1887 y tendrá cabida para 12.000 espectadores. En la época de la que hablamos no había un solo espectáculo que pudiese concentrar a tantísima gente, pues los deportes en general apenas se habían popularizado. Las corridas de toros junto con el teatro, las sociedades de recreo, los circos, los juegos de pelota, las tertulias públicas, los cafés o los establecimientos de billar y tabernas, conformaban los espectáculos y las diversiones públicas de nuestro país en el siglo XIX. En estas fechas finiseculares la única ciudad de Galicia que contaba ya con un coso taurino desde hacía poco tiempo era La Coruña. Así que el proyecto era muy novedoso a la par que grandioso. El diseño se le encargaría al director de obras municipales, Jenaro De la Fuente Domínguez, y se levantaría en unos terrenos colindantes con la estación de ferrocarril recién construida, seguramente donde actualmente arranca la autopista A-9.
Pero al igual que sigue sucediendo hoy en día con otros grandes proyectos para la ciudad fue pasando el tiempo y no se llevaba a cabo la ejecución de la plaza prometida. Los periodistas bromeaban irónicamente de vez en cuando con el tema pero el asunto terminó en el olvido. » La plaza de toros (en construcción) para diez mil personas avanza muchísimo. Hoy por hoy ya pueden sentarse unas nueve mil y pico, y muy pronto, quizás antes de que termine el siglo, podrá sentarse el resto. Pocos pueblos nos ganarán en actividad.» (FV, 28/12/1896). Hubieron de pasar 10 años para que surgiese de nuevo la idea de llevar a cabo la empresa. Y al fin, en 1896, se constituye la sociedad anónima «La Taurina Viguesa» cuyo gerente, Pedro Alario, contrata al maestro de obras Manuel Moreira quien se encargará del levantamiento de la misma. Con un presupuesto de 35.000 pesetas comienzan a colocarse los tablones en la primera semana de junio del que será el recinto taurino vigués. La capacidad terminará siendo la mitad de la prevista años atrás, es decir unos 6.500 espectadores. El diseño es igualmente de Jenaro De la Fuente.
El lugar elegido tampoco tiene nada que ver con el anterior (quizá a la dificultad de comprar o alquilar terrenos cerca de la estación se debiesen los problemas en el año 86, así como también a la falta de inversores). Esta vez será en el barrio de las Traviesas, en el cruce entre la antigua carretera de Baiona y la de Vincios. A finales del siglo XIX grandes fincas como la de Pequeño o del Carmen y otras propiedades más pequeñas como las numerosas leiras que atravesaban la actual plaza de América (las «traviesas» que le dan nombre a la zona») ocupaban esta zona comprendida entre las parroquias de Coia y Santo Tomé de Freixeiro. En la actualidad, la carretera de Baiona (que arrancaba en la Falperra) equivale, al llegar a Coia, a la avenida de la Florida. La carretera de Vincios es la avenida de Castrelos. Por tanto la plaza ocupaba la manzana existente entre ambas calles, dividida ahora por la avenida de Fragoso. Dos altos edificios uno con un panel luminoso de publicidad y el bar Carballo, por ejemplo, se alzan en esos terrenos en el presente.
Finalmente pues se levanta la plaza y será en un periodo récord de 2 meses, justo a tiempo para que el día inaugural coincida con el de las fiestas de la patrona, es decir el 15 de agosto, día de la Virgen de la Asunción. Durante las semanas que se van sucediendo el Faro y otros medios escritos anuncian la noticia dentro y fuera de la provincia. Previendo que la afluencia de público será masiva el ayuntamiento decreta unas normas de circulación para que los carruajes vayan y vengan desde el centro de la ciudad hasta el extrarradio ordenadamente y en fila de a uno por la carretera de Baiona, es decir el Paseo de Alfonso XII, Pi y Margall y López Mora. El precio de la «carrera» desde la estación de ferrocarril será de 1 peseta y desde la Falperra 50 cts.
Asimismo se publican los distintos precios de las entradas según su localización en la zona de sol o de sombra. Así un palco entero de 10 asientos en sombra costaba 70 pesetas. Los individuales iban desde las 2,5 pts en tendido o 3,5 pts en barrera en sol, hasta las 4 pts en tendido y 7,5 pts en barrera en sombra.
Por fin llega el esperado día. Fiesta grande en Vigo por su patrona. En pleno agosto amanece una soleadísima mañana. Cientos de personas van llegando a la villa olivica procedentes de todos los rincones. Desde Carril se había dispuesto un barco, el vapor Ángel Urzáiz, para trasladar a las gentes de Santiago, Villagarcia, Padrón, etc; el recorrido duraba cuatro horas. Desde Portugal vendrán unos 1.000 visitantes que viajan en tren hasta Guillarei, por el puente internacional recién abierto, y desde aquí en otra locomotora distinta a Vigo. De Orense y Monforte llegan igualmente multitud de personas en tren a Vigo a la 1 de la tarde. Lo mismo desde Pontevedra, un poco después, a las 3. Por carretera lo harían desde Gondomar, Nigrán, Vincios o Baiona. Los hoteles, fondas y casas de huéspedes se llenan al completo. Incluso los cafés como el Colón, el Suizo, el Imperial o el Méndez Núñez de la Alameda permanecerán toda la noche abiertos para los foráneos que no hayan conseguido lugar donde dormir.
Los toreros contratados para tan afamado evento son los andaluces Pepete, del Puerto de Santa María y Lesaca, sevillano. El sábado torearán 6 astados de la ganadería madrileña de Mazpule llamados respectivamente Tarrito, Garabato, Payaso, Morato, Gazpacho y Jarrito. Al día siguiente domingo, fiesta de San Roque, otros 6 toros. Los animales habían llegado a la ciudad transportados en tren el día 13 y un numeroso público se había concentrado en la estación en el momento de su llegada para contemplar semejantes ejemplares (muchos por primera vez en su vida seguramente).
Desde el mediodía Vigo está animadísimo. Los carruajes y ómnibus comienzan a circular por la carretera de Baiona hacia la nueva plaza en las Traviesas. Muchas mujeres lucen las clásicas mantillas, mantones de Manila y diversos adornos florales; los hombres, altos sombreros y gruesos puros. La gente se saluda alegre. El éxito de la convocatoria es total y nadie se quiere perder tan gran espectáculo. La plaza se llena prácticamente en su totalidad: más de 6.000 personas concentradas sobre las gradas. Preside la corrida el secretario del gobernador civil acompañado del capitán de la guarnición militar (el regimiento de Murcia) y el de la guardia civil. A las 4 de la tarde con gran puntualidad comienza la jornada.
El primer toro, «Tarrito», sale veloz al centro del coso y golpea de tal manera a los caballos de los picadores que nada más comenzar caen dos de ellos muertos. El público se revuelve en sus asientos. Comienza «Pepete» la faena y lo acompañan en los primeros capotazos «Cordobés» y «Fortuna». Mata al astado a la primera. «Garabato» será el siguiente y con él se estrena «Lesaca» que recibe una salva de aplausos por su buena estocada final. Numerosos puros caen a la arena también para celebrarlo. El tercero, «Payaso», hermano del anterior y de color retinto, será toreado de nuevo por «Pepete». El «Sordo» y el «Albañil» son los banderilleros de su cuadrilla. «Payaso» consigue tirar al diestro al suelo pero sin hacerle mucho daño. Matará después al tercer cornúpeto y tras una gran ovación se le concederá una oreja.
El siguiente animal, «Morato», será toreado por «Lesaca» y su cuadrilla. Lo reciben «Riñones» y «Campillo» con unos cuantos lances y en la suerte de banderillas se encargan de él el «Cucharero» y «Carretera». La faena no será muy lúcida y el toro tampoco acompaña pues es perezoso. «Gazpachero», negro listón y fiero, ataca duramente a los que lo reciben y le rasga el traje de luces al «Cordobés». Después es vencido tras una mala estocada y un descabello. El último de la tarde, «Jarrito», se lanza sobre la barrera intentando saltar. El susto debió ser bueno entre los inocentes espectadores vigueses que ocupaban las localidades próximas, poco acostumbrados a ver un animal tan fiero a semejante distancia. Lógicamente no pudo escapar de la plaza. El lance final de «Lesaca» para matar fue tan apurado que no acertó a la primera y fue contestado con una gran silbada por parte del público. En resumen «Pepete» demostró para el crítico que relató esta primera corrida en Vigo que podía ocupar un puesto entre los grandes maestros del toreo, mientras que «Lesaca» no estuvo muy afortunado. El espectáculo en conjunto fue un éxito. La herida de «Pepete»: una incisión leve entre la oreja y la mandíbula.
Al día siguiente hubo corrida de nuevo. Día de San Roque. Serán toreados otros seis ejemplares, esta vez a medias entre la ganadería portuguesa de Palha, y la madrileña de Mazpule, con lleno también de la plaza y con los mismos dos diestros. La crónica taurina del Faro resumía que esta segunda jornada de fiesta había defraudado, sobre todo en lo que se refería al diestro «Lesaca» y a los toros portugueses. Al cabo de un mes aproximadamente se repitió el acontecimiento. Esta vez no hubo lleno.
La plaza de toros viguesa acogió muy pocas corridas. Hubo otra con mujeres toreras e incluso una con rejoneadores portugueses en 1900 que terminó con un abucheo generalizado del público asistente. Nunca se vieron a los grandes de la época como «Guerrita» o el «Gallo». En el año 1902 ya no hubo toreo y debió desmontarse por esa época. Se levantaron otros cosos en algunas ciudades gallegas: en Pontevedra había sido antes, en 1892; La Coruña también, en 1884. En Santiago se construiría en 1897. En Monforte de Lemos, Noia, Ferrol, Viveiro, Villagarcía o Xinzo algo más tarde. Hoy en día sólo se mantiene la de Pontevedra. La afición por el espectáculo taurino no cuajó en Galicia.
Por último los dos diestros que conocieron nuestros antepasados vigueses terminaron pronto sus carreras en la arena: José Rodríguez Davie «Pepete» murió a los 32 años en la plaza de Fitero (Navarra) cogido por un toro, «Cantinero» el 12 de septiembre de 1899. Juan Gómez «Lesaca» nacido en Sevilla también en 1867 y habiendo tomado en su ciudad natal la alternativa en 1895, tuvo la desgracia de fallecer todavía más joven que su compañero de la plaza viguesa y poco tiempo después de su estreno en la misma: ocurrió el 15 de octubre de 1896 en la plaza de Guadalajara. Fue embestido contra las tablas por el toro «Cachurro» y no pudo saltar. Murió al día siguiente con 29 años.
Donde pone iglesia parroquial sigue estando la de Santo Tomé de Freixeiro. La curva de la carretera de Bouzas arriba a la izquierda es la llamada de San Gregorio.
Imagen actual de Google Earth correspondiente a la localización de la antigua plaza de toros de las Traviesas.
Fuentes:
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Faro de Vigo. Hemeroteca digital.
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Web ganaderoslidia.com
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Artigrama. El cartel taurino zaragozano del siglo XIX. Mónica Vázquez Astorga.
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La Opinión. La primera corrida de toros en La Coruña. Isabel Bugallal.
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Web Historia urbana de Madrid.
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1908. El cine y los toros. Anales del cine en México en 1895.