En el contexto de la guerra hispano-sudamericana (1865 -1866), en la que se España se enfrentó a sus antiguas colonias Perú, Chile, Bolivia y Ecuador, se desarrolló el Combate del Callao, un 2 de mayo de 1866, en el puerto peruano del mismo nombre. Esta batalla tuvo una grandísima repercusión en la sociedad española de mediados del siglo XIX y convirtió al marino nacido en Vigo, Casto Méndez Núñez, en un héroe nacional que recibiría numerosos homenajes en todas las ciudades de Galicia y que podemos contemplar hoy en día.

La batalla del Callao en un óleo del Museo Naval de Madrid
En la batalla participó una escuadra de la Armada Española dirigida por almirante Méndez Núñez, contra las defensas del puerto que estaba bajo el mando del entonces Jefe Supremo de la República del Perú, Mariano Ignacio Prado. Un poco antes la escuadra española había bombardeado también la ciudad de Valparaíso y previamente había realizado casi tres cuartos de la vuelta al mundo en el marco de una expedición naval científica y diplomática que había partido de la península en el año 1862 y recorrido toda la costa americana desde Río de Janeiro hasta San Francisco.
El Callao era entonces el puerto más importante y mejor defendido de América del Sur. Sus baterías de costa contaban con 90 cañones y la ría estaba sembrada de artefactos explosivos. Unos cuatro días antes de los ataques, Méndez Núñez concedió un plazo a las autoridades peruanas para que se evacuara a la población civil. El 2 de mayo de 1866 comenzó el fuego. La escuadra española estaba compuesta por el barco orgullo entonces de la armada, la fragata acorazada «Numancia», y otras fragatas como la «Blanca» , «Resolución», la «Berenguela», la «Villa de Madrid», la «Almansa» y la «Vencedora» , así como los buques de transporte auxiliares “Marqués de la Victoria”, “Paquete del Maule”, “Uncle Sam” y “Matías Cousiño” y los transportes a vela “Mataura”, “María” y “Lotta and Mary”. Los barcos en total disponían de 272 cañones.
El bombardeo recíproco entre barcos españoles, algún barco peruano y las baterías de la ciudad comenzó a las 11:30. La fragata Numancia fue la primera en ser alcanzada, así como el mismo almirante que sufrió varias heridas de metralla en las piernas, el brazo y el costado, por lo tuvo que ceder el mando al comandante Manuel de la Pezuela, ordenando primero que no se notificase a los otros barcos este suceso para que no disminuyeran los ánimos frente al ataque. La batalla duró varias horas hasta las 6 de la tarde y se saldó con las fortificaciones enemigas reducidas a tres cañones y algunos barcos bastante dañados de la Escuadra del Pacífico aunque salió con todas sus naves del ataque. Según el Parte de Combate de la Escuadra las bajas españolas fueron de 43 muertos y 83 heridos. Según algunos extranjeros presentes en la ciudad durante el combate las bajas peruanas estarían entre 200 y 350 muertos y otros tantos heridos.
Fue en esta campaña en la que se hizo famosa la frase atribuida al marino vigués de ” Más vale honra sin barcos que barcos sin honra “. Por este hecho fue ascendido a jefe de escuadra en junio de 1866 y le fue concedida la Gran Cruz de Carlos III. Tras la revolución de septiembre de 1868 fue ascendido a teniente general por Decreto de 15 de octubre de 1868. Este ascenso se reajustó según la nueva clasificación del cuadro general de la Armada aprobado por Decreto de 24 de noviembre de ese mismo año, al desaparecer el grado de teniente general de la Armada y sustituirlo por el de vicealmirante al que rehusó según consta en el Decreto del 26 de diciembre de 1868 quedando con el grado de contralmirante.
Fue nombrado vicepresidente de la Junta Provisional de Gobierno de la Armada por Decreto del Gobierno Provisional fechado el 20 de octubre de 1868, pasando por otro Decreto de 9 de marzo de 1869 a ser vicepresidente del Almirantazgo, puesto que desempeñó hasta su temprana muerte a la edad de 45 años.
En España la crisis económica que azotaba Europa se dejó sentir con fuerza. Esto, unido a la pérdida de las cosechas de 1866 tras unas graves inundaciones, provocó una gran crisis política. La reina Isabel II destituyó al presidente del consejo de ministros, el general O’Donnell. Así, el 10 de julio de 1866 Ramón María Narváez fue nombrado nuevo presidente. O’Donnell, principal impulsor de las expediciones al exterior, era apartado definitivamente del poder. En septiembre de 1868, tras la Revolución Gloriosa, también le llegará su turno a la reina Isabel II y la corona española pasará al príncipe Amadeo I de Saboya. Con respecto a la guerra americana las hostilidades terminaron en 1866 y se logró un armisticio en 1871.
Parte de la escuadra compuesta por las fragatas Numancia, Berenguela y Vencedora y los transportes Marqués de la Victoria y Uncle Sam, siguió por el Pacífico y llegaría a Manila el 13 de octubre del mismo año de 1866, lo cual se celebró con numerosos actos públicos. Posteriormente continuarían el viaje de regreso a España bordeando África hasta Cádiz. La Numancia sería el primer primer barco blindado que cruzó un océano (el Atlántico, para ir a encontrarse con la Escuadra) y también el primero que dio la vuelta al mundo. Tras numerosas singladuras fue dada de baja en 1912, y durante un periodo fue asilo de huérfanos de la Armada. Hubo un movimiento popular para que fuese preservada como monumento histórico, pero no llegó a buen puerto. La nave fue vendida como chatarra a una empresa de Bilbao. Por tres veces se intentó hacer el viaje entre Cádiz y Bilbao, cargada de 1300 t de sal y desmantelada completamente, pareciendo más una barcaza que la nave tan gloriosa que fue. En la tercera tentativa de viaje rumbo al desguace, encalló en la costa de Sesimbra, en Portugal, el 17 de diciembre de 1916, donde fue parcialmente desguazada in situ, quedando unos pocos restos a entre 5 y 6 m de profundidad. Un trozo de su casco, con el blindaje parcialmente atravesado por un agujero de bala de cañón se encuentra en el Museo Naval de Madrid.
Fuentes:
. Wikipedia.
. Museo Naval de Madrid.
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