EL DÍA QUE VIGO SE SALVÓ EN PONTESAMPAIO
9 de junio de 1809. Amanece. Silencio total. Las tropas francesas se han retirado. ¡ Victoriaaaaaaaaaa !.
A finales de mayo los gallegos habían derrotado en batalla campal al enemigo invasor en Santiago. El ejército gallego formado por militares y por multitud de “alarmas” o grupos de paisanos curtidos en numerosas luchas previas y dirigidos por caudillos, unas veces nobles, otras clérigos, se ha concentrado ahora en Caldas de Reyes. El brigadier Martín de la Carrera se ha replegado al sur desde la ciudad compostelana buscando defender la línea del río Ulla. El 26 fondea en las aguas de Vigo la fragata “Ifigenia” que trae al nuevo comandante de todas las fuerzas del norte, Gaspar María de Nava, conde de Noroña, el cual tomará el mando en Caldas. Ha conseguido de la Junta Central una ayuda importantísima en forma de 2 millones de reales, tropas, 2.400 fusiles, 1.500 sables, 200.000 cartuchos, 5.000 chuzos, 20.000 piedras de chispa, 8.000 pares de zapatos, uniformes, etc. Este ejército, la División “Miño”, contará con 10.000 hombres de los que sólo 6.000 portarán armas de fuego. El resto se tiene que defender con chuzos, puñales o lo que encuentren.
Y es que los franceses, viendo que la ocupación de las aisladas tierras norteñas se ha hecho mucho más difícil de lo que imaginaban, han decidido emprender una nueva campaña. El mariscal Soult, uno de los dos altos mandos enviados por Napoleón, regresa a Galicia después de una gran derrota en Portugal, a la que contribuyeron portugueses e ingleses al mando del futuro duque de Wellington. En Vigo había perdido tropas, dinero e incluso su espada. En Tuy una parte importante de su artillería. En Portugal la humillación y las bajas serán aún mayores. Huirá, a través de la frontera luso-orensana, con un ejército en fatales condiciones y se encaminará hacia Lugo.
El otro mariscal, Michel Ney, duque de Elchingen, se desplaza también hacia la capital lucense desde Asturias y los dos se encontrarán en ella el 29 de mayo. Tras un cruce de acusaciones entre los generales galos acerca de la culpabilidad del otro en las derrotas sufridas sobre tierras gallegas, deciden unir sus fuerzas para terminar con el ejército opositor. Mientras Ney marchará desde Lugo a La Coruña y de aquí a Santiago, Pontevedra, Vigo y Tuy, Soult expulsará de Orense y Lugo al marqués de la Romana y bajará por el Miño para unirse al resto de las fuerzas en Tuy y Vigo. Vigo pues, está de nuevo en peligro. Se ha convertido en el cuartel general de las fuerzas sublevadas pues es una villa liberada y puerto franco para buques españoles e ingleses. Así pues Ney quiere darle su merecido a los rebeldes que han expulsado a las fuerzas imperiales del sur de Galicia y arenga a sus tropas con términos como que “no van a dejar más que tierra y agua” y que “perdería su nombre si el día 11 no estaba en Vigo”. El texto de esta proclama sería conocido unos días después por los defensores españoles gracias a un correo, lo cual contribuiría a elevar su moral antes del combate.
El 1 de junio el duque de Elchingen se pone en marcha desde la Coruña y avanza hacia Santiago. El VI cuerpo de ejército consta de unos 8.000 hombres (agrupados en 6 regimientos de infantería), 1.200 jinetes (de dos regimientos de dragones, uno de húsares y uno de cazadores) y 18 piezas de artillería con 200 hombres más. Los gallegos, sabedores de nuevo del avance de un gran ejército, están retirados ya en Caldas. Se decidirá entonces, después de los consejos del coronel Pablo Morillo (el cual había combatido en abril en ese estratégico emplazamiento) que el lugar más adecuado para tratar de frenar el avance francés sea el cruce del río Verdugo en Pontesampaio. Una batalla en campo abierto contra semejantes fuerzas sería imposible de ganar. La táctica sólo puede ser defensiva y aprovechando la difícil orografía gallega. Y aquí se jugará el destino de Vigo pero también el de toda Galicia.
Pontesampaio se va a preparar para la batalla. Del puente que cruza el río Morillo ha mandado volar dos arcos. Verdugo arriba sólo se puede cruzar por Pontecaldelas, adonde se envía también un batallón de fusileros, caballería y algún cañón. Así la única manera de poder atravesar esta barrera natural sería pasar por la zona de la desembocadura cuando la marea estuviese muy baja. El conde de Noroña envía una carta al capitán de navío, Juan de Carranza, comandante de la fragata «Ifigenia» que estaba fondeada en aguas viguesas, para que se disponga toda la flota en el fondo de la ría con el fin de proteger con su artillería a los defensores. La ayuda de la marina de guerra será primordial en el desenlace de la batalla. A las más de 100 embarcaciones de combate y transporte, se unirán otro tanto de pequeñas lanchas de las villas de alrededor como Domaio, Cangas, Moaña, Redondela o Teis.
En la villa olívica el gobernador Cachamuiña refuerza la defensa de la muralla y los castillos, ayudado también por un pequeño contingente de soldados de las armadas inglesa y española. La población vuelve a tener miedo. Los franciscanos del convento del Berbés se aprestan a la fabricación de cartuchos de pólvora. Si los franceses llegan de nuevo a Vigo la venganza será tremenda y la ciudad posiblemente será arrasada como lo han sido otras poblaciones españolas y europeas que han osado resistirse a Napoleón.
El mariscal Ney llega a Pontevedra el día 6 de junio. Acampa en la ciudad del Lérez. Esto le dará una oportunidad de oro al ejército español que llega de noche al río y tiene que cruzarlo en una operación de logística impresionante. Como el puente había quedado inutilizado, a lo largo de la noche entera se utilizarán todas las embarcaciones disponibles para pasar cañones, caballos y municiones y finalmente, a través de un pontón hecho con barcas, a todos los hombres. A la mañana siguiente temprano aparecen los franceses en el campo de batalla de Pontesampaio.
Tras unas primeras avanzadillas de soldados que se envían para explorar sobre todo el puente, y que son aniquiladas, la batalla campal se inicia a las 11:00 del día 7 de junio. Las piezas de artillería del conde de Noroña han sido dispuestas en varias elevaciones próximas al lado sur del río. Las posiciones han sido elegidas con tiempo y los disparos de sus cañones resultan altamente eficaces. La artillería francesa responde, tanto río abajo como un poco más arriba pero Ney no consigue ningún resultado. Y encima, y esto será vital también en el desenlace de la batalla, confía en que por el este, desde Orense, llegará Soult a cerrar la pinza sobre los españoles. Pero esto no va a suceder pues el mariscal, que había pactado con su homólogo como derrotar a los rebeldes gallegos, inexplicablemente permanece en Lugo sin avanzar hacia el sur.

Esquema realizado por José Fernando Navas que muestra el río Verdugo, el puente y el emplazamiento de las baterías en Pontesampaio







